Aunque suele asociarse a grandes faenas, muchas tareas cotidianas ya implican trabajo en altura, un peligro que no siempre se dimensiona.
En Chile, 498 fatalidades laborales al año son consecuencia de caídas en altura, cifra que representa el 28% del total de muertes asociadas a accidentes del trabajo. Además, este tipo de incidentes concentra el 11% de los días perdidos por accidentes laborales. Pese a estas cifras, las caídas continúan siendo un riesgo subestimado, especialmente en actividades cotidianas y tareas de rutina.
Subirse a una escalera, cambiar una luminaria o trabajar sobre una techumbre son acciones habituales en distintos rubros que, sin embargo, forman parte de lo que la normativa define como trabajo en altura: toda labor realizada desde los 1,8 metros, siempre que exista una probabilidad de caída a distinto nivel.
“Muchas veces se asocia el trabajo en altura a grandes obras o faenas complejas, pero hay labores habituales que implican el mismo riesgo si no se toman las medidas adecuadas”, señala José Miguel Bustamante, gerente general de Segma, empresa especializada en seguridad en altura.
Como sostienen los expertos en la materia, la seguridad no se define en la altura, inicia en la prevención, a través capacitaciones y un riguroso entrenamiento práctico en terreno para estas labores.
La rutina, el exceso de confianza y la falta de capacitación práctica inciden directamente en la ocurrencia de incidentes, muchos de los cuales son evitables. Esto cobra mayor relevancia si se considera que una caída libre de apenas 1,8 metros puede generar una energía de impacto de hasta 22 kilonewtons (aprox. 2.200 kg) sobre el cuerpo si no existe una adecuada absorción.
En este escenario, la gestión de riesgos se vuelve estratégica. Se trata de un ámbito que moviliza millones de dólares en seguros y costos operativos, donde el impacto de un accidente es humano, pero también económico: el costo promedio de un accidente grave puede superar los 1.500 días de productividad para una empresa.
Contar con especialistas permite transformar la prevención en un sistema confiable, orientado a reducir accidentes, asegurar la continuidad operativa y proteger a las personas.
La seguridad no comienza en la altura. Comienza mucho antes.
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