Más de 1.500 casos al año en Chile refuerzan la importancia de la vacunación y el diagnóstico precoz
● Se trata de una enfermedad prevenible, asociada al Virus del Papiloma Humano (VPH), que aún provoca más de 600 muertes anuales en el país.
● Especialista advierte que puede avanzar sin síntomas durante años, por lo que el control periódico es clave.
Santiago, 26 de marzo de 2026.– En América, el cáncer cervicouterino sigue siendo un problema relevante de salud pública. Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en 2022 más de 78.000 mujeres fueron diagnosticadas con esta enfermedad y más de 40.000 fallecieron por esta causa. Además, las tasas de mortalidad son hasta tres veces más altas en América Latina y el Caribe que en Norteamérica, evidenciando profundas brechas en acceso a prevención y tratamiento.
En Chile, esta realidad también se refleja con fuerza: cada año se diagnostican más de 1.500 casos de cáncer de cuello uterino y más de 600 mujeres mueren por esta causa.
De acuerdo al Dr. Omar Nazzal, jefe de Ginecología de IntegraMédica, uno de los principales desafíos es que se trata de una enfermedad que aún presenta brechas importantes.
“El cáncer de cuello uterino es altamente relevante porque, siendo prevenible y con un agente causal conocido como el Virus del Papiloma Humano, sigue teniendo un impacto significativo en incidencia y mortalidad”, explica.
El especialista agrega que en la mayoría de los casos afecta a mujeres jóvenes, muchas veces jefas de hogar e integradas al mundo laboral, “lo que junto al gran impacto personal y para todo el entorno familiar, genera también un impacto en toda la sociedad”.
Las claves de la prevención
El Virus del Papiloma Humano (VPH) es la infección de transmisión sexual más frecuente en el mundo. Se estima que hasta un 80% de las personas no vacunadas ha estado expuesta al virus al menos una vez en su vida.
“En la mayoría de los casos, la infección es transitoria y el virus desaparece. Sin embargo, cuando persiste y corresponde a genotipos de alto riesgo, como el 16 y el 18, puede derivar en lesiones precancerosas que deben ser diagnosticadas y tratadas a tiempo”, explica el Dr. Nazzal.
En este escenario, la vacunación cumple un rol fundamental. En nuestro país, se implementó en 2014 y actualmente forma parte del Programa Nacional de Inmunizaciones, alcanzando coberturas cercanas al 90% en niños y niñas de cuarto básico. “La vacuna es la herramienta más importante para erradicar esta enfermedad. Está indicada para mujeres y hombres entre 9 y 45 años, y su impacto en la reducción del cáncer cervicouterino es significativo”, destaca.
Junto con la vacunación, el diagnóstico precoz sigue siendo clave. Si bien el Papanicolaou ha sido históricamente una técnica útil en el diagnóstico, hoy el test de detección del VPH mediante PCR presenta mayor eficacia. “Se recomienda entre los 30 y 65 años, y si el resultado es negativo, puede repetirse cada 3 a 5 años”, explica.
En este contexto, uno de los principales riesgos es que esta enfermedad puede avanzar sin dar señales evidentes. “Existe una etapa preinvasora o precancerosa que es asintomática y no visible en la inspección del cuello uterino, por lo que el examen clínico periódico y el tamizaje son la única forma de prevenir la aparición de un cáncer. Cuando aparece un tumor, muchas veces estamos frente al fracaso de la prevención”, advierte el especialista.
Por lo mismo, la detección oportuna y el control periódico se vuelven determinantes para reducir tanto la incidencia como la mortalidad de esta enfermedad.
En el marco del Día Mundial de la Prevención del Cáncer de Cuello Uterino, el llamado es claro: “la invitación es a vacunarse, mantener controles periódicos y adoptar un estilo de vida saludable. Este tipo de cáncer es una enfermedad prevenible y está en la sociedad todo lo disponible para lograrlo”, concluye el Dr. Omar Nazzal.




