José Manuel Escala, urólogo pediátrico y fundador de Corporación Mater
En Chile hablamos mucho de la infancia. Hablamos de educación, de pobreza, de salud mental, de redes sociales, de violencia, de oportunidades. Y está bien que así sea. Todo eso importa. Pero hay una pregunta previa, más básica, más concreta: ¿qué futuro puede alcanzar un niño cuando su salud física queda suspendida en una lista de espera?
A febrero de 2026, el sistema público registraba más de 12.000 niños, niñas y adolescentes en lista de espera quirúrgica No GES en la categoría de urología con esperas que en algunos casos se arrastran desde 2018. O sea, más de 12.000 casos de incertidumbre, deterioro y familias obligadas a vivir en pausa.
Suele decirse que la calidad humana de un país se mide por cómo trata a sus niños y a sus mayores. Si eso es cierto, las listas de espera pediátricas constituyen una señal inaceptable. Expresan el valor real que le asignamos a la infancia cuando deja de ser discurso y se convierte en urgencia concreta.
El diagnóstico oportuno no es una consigna vacía. En medicina, llegar a tiempo es la diferencia entre corregir una malformación o arrastrar una complicación durante años; entre un tratamiento acotado o una enfermedad crónica; entre una buena calidad de vida o una carga evitable para ese niño, su familia y también para el sistema de salud. Postergar agrava cuadros clínicos, encarece la atención futura, tensiona otras prestaciones, recarga a los equipos y multiplica costos humanos y económicos que podrían haberse evitado.
Este no es un problema sectorial ni una preocupación de especialistas. Es una señal sobre el país que estamos construyendo. Más aún, en un contexto de baja natalidad persistente, dejar a miles esperando una atención decisiva transmite una señal difícil de justificar.
Las razones detrás de las esperas quirúrgicas son diversas, vienen acumulándose hace tiempo. La discusión de fondo debe darse con seriedad, con sentido de urgencia y con foco en soluciones estructurales.
Al mismo tiempo, hay una exigencia inmediata: qué hacemos hoy para sacar a esos niños de la espera.
La Corporación Mater lleva más de tres décadas trabajando para reducir listas de espera nefrourológicas infantiles mediante operativos y atención especializada en distintas regiones de Chile. Ese esfuerzo muestra que avanzar es posible cuando hay voluntad, colaboración público-privada y muchas manos disponibles para contribuir, pero también que la magnitud del problema exige mucho más.
Se necesitan recursos, colaboración privada, articulación pública, médicos especialistas, enfermeras y equipos de salud. Es necesario establecer metas claras y seguimiento de su cumplimiento. Y quizás lo principal es poner este tema sobre la mesa con la importancia que merece.
Cuando un país posterga la salud de sus niños, pospone bienestar, desarrollo, autonomía, aprendizaje y futuro. Cada niño que espera años por una cirugía es una señal de atraso que Chile ya no debería tolerar.




