Ripley revela la identidad del dueño de la mítica pelota atrapada por casi 20 años en su letrero de Quilpué
Tras una emotiva campaña en redes sociales que capturó la atención de miles de chilenos, la tienda Ripley anunció oficialmente que logró identificar al dueño de la icónica pelota que permaneció incrustada durante casi dos décadas en la letra “P” del letrero de su sucursal ubicada en el centro de Quilpué, en la región de Valparaíso.
El balón, que resistió sin moverse el paso del tiempo, lluvias, viento, rayos solares e incluso terremotos, se había convertido en un símbolo no oficial de la ciudad, al punto de ser tema de conversación habitual entre vecinos, comerciantes y visitantes. Fue finalmente retirado hace algunas semanas en el marco de una mantención estructural del cartel, generando una ola de nostalgia en redes sociales y motivando a la empresa a lanzar una campaña para encontrar a su dueño original.
Un símbolo que marcó a una ciudad
Francisca Guerra, subgerente de Brand Experience de Ripley, explicó que el interés ciudadano por el balón superó cualquier expectativa. “Estamos emocionados de anunciar que finalmente dimos con el verdadero protagonista de esta historia que, sin quererlo, se transformó en parte del paisaje urbano y la memoria colectiva de Quilpué. Lo que comenzó como una simple anécdota juvenil terminó convirtiéndose en un ícono local”, expresó.
A través de un concurso público y con la ayuda de cientos de testimonios compartidos por redes sociales, fue Cindy Veliz quien logró aportar la información correcta que permitió reconstruir el origen del misterioso objeto. Su colaboración fue clave para dar con el nombre del propietario original del balón.
El protagonista detrás del mito
El dueño resultó ser Sebastián Castillo, quien actualmente reside en Cork, Irlanda. Según relató el propio Sebastián a través de un video testimonial enviado a la empresa, todo ocurrió una noche de verano hace 17 años. “Habíamos estado jugando fútbol con mis amigos, después de una jornada de cervezas y buena conversación. Era de madrugada, las calles estaban vacías, y en un arranque de energía lancé la pelota tan alto como pude… Nunca pensamos que quedaría atrapada en el letrero de Ripley”, contó.
Lo que para ellos fue un juego más, terminó siendo una historia que desafió el tiempo. “Lo más loco es que esa pelota fue un regalo de Navidad de mis padres. Me dolió perderla en ese momento, pero jamás imaginé que se transformaría en una especie de monumento de la ciudad… ¡y mucho menos que la encontrarían casi 20 años después!”, añadió entre risas.
Reconocimiento y memoria colectiva
Como parte del cierre de esta historia, Ripley premiará a Sebastián con una giftcard de $100.000, además de obsequiarle una nueva pelota como homenaje simbólico. Pero eso no es todo: la tienda confirmó que el balón original será conservado en un espacio especial dentro del local de Quilpué, donde será exhibido como parte del patrimonio afectivo de la ciudad.
“El balón será preservado con todas las medidas necesarias y estará disponible para que vecinos y visitantes puedan conocer de cerca esta historia que ya es parte del ADN de Quilpué”, anunció la empresa.
La historia ha sido ampliamente celebrada en redes sociales, donde usuarios valoraron que una simple pelota haya logrado unir a una comunidad entera en torno al recuerdo, la identidad y la memoria urbana. Una muestra de que, a veces, los símbolos más poderosos nacen de los gestos más simples.




