– Pacientes del Hospital Dr. Gustavo Fricke beneficiados con esta tecnología incluida en GES, que facilita un control continuo, indoloro y a distancia de la glicemia.
70 niños, niñas y adolescentes del Programa de Diabetes Infantil del Hospital Dr. Gustavo Fricke fueron beneficiados con la entrega de nuevos sensores de glucosa que al conectarse con el celular envían mediciones de glicemia en tiempo real a los pacientes y a sus padres, evitando los molestos pinchazos y brindando seguridad a las familias.
El cambio en su calidad de vida es notorio. De un aparato que mide glicemias capilares a través de hasta diez punciones diarias en los dedos de los menores, a un sensor que se instala a través de un filamento en la piel y que se puede escanear con el celular, permitiendo que las mediciones de glicemia se registren en tiempo real de manera indolora.
Menos dolor, mejor monitoreo
Este equipamiento, con un costo superior a los 120 mil pesos mensuales, forma parte de la canasta GES para el manejo de la diabetes tipo 1, y fue entregado por primera vez durante una capacitación a las familias de los pacientes, quienes de inmediato apreciaron la diferencia. Como lo cuenta Paola Catalán, mamá de Alexis Sánchez, de 13 años: “Es menos invasivo, o sea, él se aburre, se cansa, le duelen a veces la yema de sus dedos, le da más libertad también en el colegio, no estar dependiendo de estarse pinchando. Ahora se acerca el celular, para almorzar o para hacer deporte, que tiene que medirse antes de cada ejercicio que hace o comida que tiene”, explica.
“El requisito es: todos los niños menores de 18 años con diabetes mellitus tipo 1. Así que entra la totalidad del universo del programa de diabetes infantil”, aclara Marcela Fuentes, enfermera del Programa que brinda atención a pacientes desde menores de un año hasta los 15 años y 11 meses.
Agrega que cada sensor es de alta resistencia y pequeño tamaño, dura 15 días, se le acerca el celular o un lector parecido a los glucómetros para registrar la glicemia. y requiere pocos cuidados. “Al principio, les asusta, como todo, porque tienen que pincharse, aunque ellos no ven la agujita para que entre el filamento del sensor, pero después se acostumbran. Lo que más les gusta es que ya no van a puncionarse sus deditos pequeñitos. Cuando uno le instala el sensor en el brazo, le envía automáticamente las glucosas al teléfono, y ese teléfono del paciente le envía los datos a los papás. Si los papás están trabajando en otra parte, ven en tiempo real las glucosas de los niños que se están tomando”, añade la enfermera.
Este monitoreo continuo y simultáneo permite detectar a tiempo descompensaciones peligrosas, por ejemplo, en el colegio. Como la hipoglucemia, que genera mareos, temblores, desmayos, o la hiperglucemia, que se manifiesta a través de fatiga, visión borrosa o la necesidad de orinar, que pueden llegar a afectar no solo la salud de los escolares, sino también su seguridad.





