Las imágenes de un grupo de ballenas desplazándose muy cerca de la costa de Antofagasta se viralizaron en redes sociales durante los últimos días, despertando admiración entre miles de usuarios y una pregunta inevitable: ¿es normal que estos gigantes del océano aparezcan tan cerca de la costa?
El registro, subido por la cuenta @yutronicdelmar, evidenció una imagen única. Y aunque para muchos parece un fenómeno extraordinario, médicos veterinarios aseguran que este tipo de avistamientos forma parte de la dinámica natural del ecosistema marino del norte de Chile.
La costa de Antofagasta es considerada uno de los sectores con mayor riqueza biológica del país. Gracias a la influencia de la Corriente de Humboldt y a los fenómenos de surgencia —que hacen emerger aguas profundas ricas en nutrientes— la zona concentra grandes cantidades de krill y pequeños peces, principal alimento de distintas especies de ballenas que recorren el Pacífico.
En los últimos años, además, investigadores y organismos públicos han constatado un aumento en los registros de cetáceos en la región, incluyendo ballenas fin, jorobadas, sei e incluso avistamientos ocasionales de ballenas azules y orcas.
Cecilia Echeverría, decana de la facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad del Alba, explica que “las condiciones oceanográficas de la región generan una enorme disponibilidad de alimento. Eso convierte a Antofagasta en un punto muy atractivo para distintas especies de cetáceos, especialmente durante determinadas épocas del año.»
La académica detalla que no es que las ballenas ‘llegaron’ a Antofagasta; “en realidad nosotros estamos observando un proceso natural que ocurre todos los años. La costa del norte de Chile forma parte de sus rutas de desplazamiento y alimentación.»
«Hoy existen más personas registrando estos encuentros con drones, cámaras y teléfonos celulares, por lo que también da la impresión de que hay más ballenas. En parte es cierto que existe un mayor monitoreo, pero también estamos viendo una ciudadanía mucho más atenta a la biodiversidad marina», puntualiza la decana de la Facultad de Ciencias Agropecuarias.
Un espectáculo que también requiere protección
El aumento de registros ha motivado reiterados llamados de las autoridades a realizar un avistamiento responsable. La normativa establece mantener distancia de los cetáceos, evitar persecuciones con embarcaciones y reducir el ruido para no alterar su comportamiento, especialmente cuando existen crías o animales alimentándose.
Especialistas coinciden en que este tipo de registros no solo evidencian la riqueza del ecosistema marino chileno, sino que también representan una oportunidad para fortalecer la conservación de especies que cumplen un rol clave en el equilibrio de los océanos.
«Las ballenas cumplen un rol fundamental en el equilibrio de los ecosistemas marinos. Por eso, cada avistamiento debe entenderse como una oportunidad para fortalecer la conciencia ambiental. Observarlas desde una distancia segura y sin interferir en su desplazamiento es una forma concreta de contribuir a su conservación», sentencia Cecilia Echeverría, de la Universidad del Alba.




